Primera idea:


Los últimos acontecimientos terroristas del 7 de este mes en París contra el semanario 'Charlie Hebdo' sólo merecen la más contundente condena. Sin matices. Sin palabras disfrazadas. Claro y muy alto: es un acto reprobable y condenable. Y así lo tenemos que hacer y lo hacemos desde la Comunidad Protestante.

Segunda idea:

Lo que también debe quedar muy claro es que es un acto terrorista realizado por terroristas. Terroristas que no tienen nada que ver con ningún tipo de religión ni de religiosidad.

No son personas religiosas que cometen un acto terrorista.

Son terroristas que cometen un acto terrorista.

Acto terrorista y persona religiosa es una contradicción en términos: o terrorista o religioso. Hay que elegir. Ambas realidades son incompatibles en una misma persona.

La tercera, y última, idea.

Hay que poner sobre la mesa la reivindicación de la convivencia y de la paz social.

No debemos hacer el juego a los terroristas, que quieren exportar su guerra entre nosotros.

La nuestra es una sociedad pacífica y llamada a ser pacificadora.

Tenemos derecho a la discrepancia pero en una sociedad democrática, es decir: de derecho, las discrepancias se resuelven pacíficamente en los tribunales de justicia.

Y esta es la gran lección que no debemos olvidar nunca.

Claro que este semanario ofendió a más de una conciencia e hirió a más de una sensibilidad. Incluso podemos admitir que blasfemó (Ofender lo que se considera sagrado por parte de una religión). Pero, aún así, la blasfemia debe defenderse en un tribunal. Y cuando se dicte sentencia esta deberá ser acatada: Los presuntos ofendidos y los presuntos ofensores.

Esta es la esencia de la democracia.

Hay que recordar, en este punto, que la democracia moderna ha nacido en el seno de la tradición protestante y que, con el tiempo, este comportamiento social se ha ido imponiendo en buena parte de nuestro mundo. Es decir: sabemos de lo que hablamos.

Seamos demócratas.

Y porque lo somos: condenamos a todos los que quieren recurrir a la violencia para defender sus discrepancias.

Juan 4:46-54

"El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna." (Juan 5:46-54)

Jesús habla para ti y para mí. Habla porque Él es la Palabra divina que creó los cielos y la tierra y nos creó a nosotros llamándonos a la vida. Jesús habla para que este mundo y nosotros en él podamos permanecer, ya que el mundo se reveló orgullosamente y se levantó contra su creador, condenándose a muerte, no en el futuro, sino ahora. Si Jesús no habla, no habrá más que desolación, dolor y vaciedad, así estaba la tierra antes de que Dios la ordenara por medio de su Palabra creadora, "desordenada y vacía".

Jesús te habla y me habla de manera definitiva. En otros tiempos, Dios habló a nuestros padres por medio de los profetas en repetidas ocasiones. Pero ahora, en nuestros tiempos, en estos últimos días, nos habla por el Hijo, y habla directamente a cada uno de nosotros, para que le escuchemos, porque cuando Dios habla, el ser humano no tiene más remedio que postrarse ante Él y escuchar lo que Dios le dice. Y lo que Dios te dice hoy es: "Ve, tu hijo vive". Ve y confía porque tú eres mi hijo.

(Oremos para que los países tomen responsabilidad en el cuidado del planeta, oremos por la Cumbre del Clima que se celebra en París.)

A los europeos nos gusta mirar el mundo mirándonos a nosotros mismos. Creemos que lo que nos pasa a nosotros es lo que ocurre en el resto del mundo. Y, una vez más, los europeos o algunos europeos -para evitar generalizaciones- nos equivocamos.

Es cierto que la Iglesia Luterana Alemana y que la Iglesia Católica del mismo país, por citar un ejemplo contrastado, cada año pierden unos 120.000 miembros cada una de ellas. Pero también es cierto que el cristianismo crece a un ritmo sorprendente incorporando cada día cerca de 90.000 nuevas personas.

Esta vitalidad cristiana no es exclusiva de una de sus ramas, sino que abarca su totalidad. Cada día hay 43.000 nuevos protestantes en el mundo, 35.000 nuevos católicos, 5.000 nuevos ortodoxos y 4.000 nuevos anglicanos.

Para aquellas personas a las que les gusta rebajar las estadísticas podemos descontar de las referencias anteriores un 10 o un 20% pero, sea cual sea la cifra que decidan escoger, lo cierto es que nadie puede dudar de la vitalidad actual del cristianismo.

En cifras absolutas dicen las estadísticas que en el mundo hay unos 1.200 millones de católicos, cerca de 800 millones de protestantes, unos 275 millones de ortodoxos, 90 millones de anglicanos y unos 35 millones de otros cristianos.

En total hay en el mundo unos 2.325.000.000 cristianos y unas 4.131.000.000 personas que profesan otras religiones las cuales, en su mayoría, también crecen.

¿Qué quiero aportar con estas estadísticas?

Primero, quisiera dejar constancia de la vigencia de la espiritualidad en nuestro mundo.

Segundo, también quisiera contribuir a aclarar que la parcial desafección cristiana de los europeos es un fenómeno regional y no global.

Tercero, hay que constatar que en este momento histórico, y no siempre ha sido así tal como demuestra la historia de las misiones, una parte bastante significativa del protestantismo experimenta un crecimiento espectacular.

Toda esta realidad espiritual debería ayudarnos a los creyentes a vivir nuestra propia fe

Emitir 1.500 programas por televisión es un hito histórico y si, además, se han emitido 1.500 programas evangélicos en España esta cita más que histórica es cósmica.

Pero esta es la realidad del programa evangélico de la televisión gallega "Nacer de Novo" que de la mano de su director, Jaime Fernández, ha conseguido este hito más que remarcable.

Aún recuerdo la amabilidad de Jaime Fernández el día que visité los estudios de la televisión gallega. Una vez nos enseñó las instalaciones, vimos el programa que estaba preparando y fuimos testigos de la buena acogida con que era recibido Jaime entre sus compañeros; nos hizo una propuesta que nos sorprendió: intentar que el director le pueda recibir -nos dijo-.

Y dicho y hecho.

Después de esperar un rato, el director de entonces nos recibió en persona para explicarnos el apoyo institucional que daban, y siguen dando, a él programa evangélico de su televisión.

A todos nos sorprendió no sólo como tan rápidamente nos había acogido sino el apoyo que tenía Jaime Fernández para realizar su tarea.

Gracias a este apoyo el programa evangélico gallego se emite cada semana, como también lo hace el que se emite por televisión española, a diferencia de la televisión catalana en la que el programa evangélico "Néixer de Nou" se emite una vez al mes.

Lo que la mayoría de personas no saben es que el programa protestante que se emite por TV3 cada último domingo de mes se llama "Néixer de Nou" porque es el nombre que había puesto Jaime Fernández en su programa: "Nacer de Novo".

Los dos nos propusimos que todos los programas evangélicos, a las televisiones públicas, tuvieran el mismo nombre.

Nosotros con "Néixer de Nou" hicimos lo que era necesario que hiciéramos.

Ahora lo que hace falta es animar y felicitar a Jaime Fernández, a la televisión gallega y a todas las iglesias evangélicas de Galicia que han colaborado con este magnífico programa por haber llegado a hacer 1.500.

Me faltan palabras para felicitar de todo corazón a todos vosotros que sigáis siendo un ejemplo para todos aquellos que vamos detrás.

Que Dios os siga bendiciendo.

Tengo un buen amigo que se pasa media vida en el aeropuerto. Es decir: viajando. Es un pastor protestante que trabaja a nivel mundial con una dedicación más centrada en Europa y América, especialmente en Latinoamérica.

En las pocas ocasiones en que podemos encontrarnos para charlar me gusta que me explique cómo va la Iglesia Protestante más allá de mi propia mirada. Y casi en todas las conversaciones acabo constatando que el cristianismo vive un momento de gran vitalidad y más particularmente la Iglesia Protestante.

Su visión sobre el cristianismo es muy diferente de la mirada que ofrece una buena parte de tertulianos cuando hablan sobre el cristianismo. Estos, en general, hablan de la Iglesia para referirse a la Iglesia Católica como si la Iglesia Ortodoxa o la Iglesia Protestante no existieran. Cuando hablan de la crisis de fe, creen que lo que nos pasa en Europa es lo que está pasando en el resto del mundo. Y cuando analizan la situación, lo hacen siempre desde una lectura política de la vida. Para no entrar en la polémica sobre la falta de respeto que muchos de ellos y de ellas manifiestan cuando hacen referencia al Espíritu Santo.

A modo de ejemplo mi amigo me comentaba que en China la Iglesia Protestante ha pasado de un millón de personas antes de la revolución comunista a los actuales 50 millones para añadir, a continuación, que se calcula que dentro de 40 años será el país con más protestantes, y quizá cristianos, de todo el mundo.

Que la vieja y desorientada Europa haya perdido el camino de la fe no significa que en el resto del mundo las cosas vayan de la misma manera. Esto es lo que parece que no entienden determinados tertulianos.

Recuerdo las últimas palabras de mi amigo la última vez que nos encontramos: espero que algunos de estos tertulianos que opinan sobre el cristianismo mirándose el ombligo estén mejor informados del resto de cuestiones sobre las que opinan.

Un deseo que, estoy seguro, muchos compartimos.

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