Hace aproximadamente un año que sufrimos la locura de un noruego asesino y hace unas pocas semanas hemos sufrido la locura de otro asesino en Aurora, Colorado-Estados Unidos-. Tenemos razones, más que razonables, para preguntarnos por qué pasan estas cosas. La respuesta más obvia es responder porque hay leyes que permiten fácilmente el acceso a las armas.

Es una respuesta acertada pero no es una respuesta suficiente.

Desde el punto de vista teológico, la respuesta es incontestable: porque la maldad es una realidad irrefutable. Pero también desde la teología complementamos la respuesta anterior, denunciando la falta de valores del Reino de Dios que nos rodea.

Somos conscientes desde siempre de que los valores del Reino de Dios no son los valores dominantes en la tierra, pero hay momentos de la historia en los que estos valores quedan más arrinconados que otros.

En estos momentos eso es lo que nos está pasando, sin lugar a dudas.

Siempre ha habido una cultura de las armas, que es una manera de argumentar la existencia de una cultura de la violencia. El trasfondo de la cuestión no es la existencia de esta cultura, sino el apoyo social que recibe esta forma de entender la vida.

La cultura de la paz no es sólo tratar de evitar la guerra, desde el punto de vista más formal. Es tratar de evitar la multiforme manera en la que se presenta la violencia.

Más allá de que hayan leyes que lo permitan o lo dificulten, lo que cabe esperar de una sociedad madura es que socialmente sea rechazado el solo hecho de que se nos pueda pasar por la cabeza que queremos comprar un arma.

Aquí es donde se juega la verdadera batalla de los valores: que socialmente sea inaceptable que alguien tenga un arma en su casa. Y, si me permiten -aunque lo que diré no me hará muy popular-, aunque sea para ir a cazar. Se acabó el tiempo en el que nos divertimos segando la vida a otro ser vivo.

El argumento cultural, ya no nos sirve como excusa. El argumento de que "forma parte de nuestra cultura", no es razón ni suficiente ni contundente.

Y de esta cuestión los cristianos sabemos un poco ya que hemos tenido que aprender en nuestras propias carnes cuáles son las consecuencias de no saber diferenciar entre fe y cultura.

Cuando hemos confundido la expresión cultural con la expresión de la fe hemos dado un mal testimonio del amor y de la reconciliación que está en Jesús.

Pues lo mismo debe hacer nuestra sociedad: saber diferenciar entre lo cultural y lo que es el derecho a la vida, como valor superior.

No hacerlo seguirá llevando dolor.

Claro que nuestra vocación debe ser denunciar y trabajar para que finalmente nuestra sociedad lo acabe haciendo.

Ser unos "resistentes a favor de la vida" es uno de los valores del Reino de Dios para lo cual, estoy seguro, encontraremos muchas compañeras y compañeros en el camino.

A raíz de la celebración del 20 aniversario de los Juegos Olímpicos Barcelona 92 la ciudad ha revivido, aunque haya sido efímeramente, aquel acontecimiento. Varios canales de televisión nos han permitido viajar en el tiempo para recuperar nuestra memoria histórica. Para muchos, aquellas imágenes emblemáticas de los Juegos han sido una novedad porque o eran demasiado pequeños para recordarlas o, incluso, aún no habían nacido. Para muchos más aún, el recuerdo no sólo nos ha transportado en el tiempo, sino que nos ha llevado a recordar cómo éramos nosotros mismos hace veinte años.

Una de las frases que más se ha repetido y que más se ha recordado es que aquellos fueron los mejores Juegos Olímpicos de la historia.

No seré yo quien lo desmienta, sino todo lo contrario. De lo que yo quiero hablar es de lo que pasó después de los Juegos.

En los Juegos Olímpicos todo está muy cuidado y por esta razón la dimensión espiritual forma parte del evento. En Barcelona, para atender esta necesidad, se construyó el Centro Abraham que cumplió a la perfección esta función, tanto durante los Juegos Olímpicos como durante los Juegos Paralímpicos -que se organizaron a continuación-.

Lo que se puso sobre la mesa en ese momento fue que, una vez acabados los Juegos, el Centro Abraham se transformaría en el símbolo y en el espacio de la pluralidad religiosa de la ciudad.

Por las razones que sean, finalmente el sueño no se concretó. Muchas pueden ser las explicaciones pero la que yo prefiero es creer que aún no era el momento.

Durante estos últimos veinte años han pasado muchas cosas. Entre los muchos cambios que se han producido, hay que poner en valor el nacimiento del GTER, el Grupo de Trabajo Estable de las Religiones, a iniciativa de las propias confesiones.

Hoy, el pluralismo religioso está reconocido en la ciudad hasta el punto de que contamos con un Director General de Asuntos Religiosos para ocuparse de estos asuntos.

Tal vez ha llegado el momento de que de nuevo nos planteemos la necesidad de volver a pensar cómo podría ser el Centro Abraham de la ciudad de Barcelona en el siglo XXI.

No hay prisa pero la ciudad se merece que, ahora que volvemos a hablar de la Barcelona del 92, también hablemos de uno de aquellos sueños que aún no hemos hecho realidad: el Centro Abraham de Barcelona.

Un nuevo principio para estar más cerca

Con motivo del Tercer Aniversario de nuestra Autonomía, como Iglesia Metodista, hemos querido poner en marcha este Portal que viene a sustituir la página web que hasta ahora había sido la imagen pública de nuestra Iglesia.
El Portal, que por otra parte se explica por sí mismo, nace con la voluntad de ofrecer a los miembros de nuestras Comunidades Locales una herramienta que nos permita estar más cerca los unos de los otros.
También nace con la voluntad de ofrecer información, opinión y formación tanto para los miembros y simpatizantes de nuestra Iglesia como para aquellas personas que, sin formar parte de nuestro círculo, quieran acercarse a nosotros.
El Portal nace con una gran ilusión y muchas horas de trabajo en una carrera ascendente hacia una más detallada información sobre lo que somos, pensamos y hacemos. Todavía hay más pero lo iremos ampliando poco a poco, sin prisas, cuando sea el tiempo o surja la posibilidad.

luteroHasta ahora la buena noticia era que el Culto de Navidad de la Iglesia Protestante era retransmitido por TVE. Ahora, a esta buena noticia, hay que añadir una segunda buena noticia: El Culto de la Reforma también se retransmitirá, y en directo, por TVE.

Creemos que estas dos buenas noticias se deben conocer y deben celebrarse. Cuando estamos muy cerca de la celebración del V Centenario del inicio de la Reforma Protestante, el 31 de octubre del año 2017, TVE muestra su sensibilidad por la pluralidad religiosa y pone en antena dos retransmisiones de espiritualidad protestante.

La noticia tiene un doble valor. En primer lugar, porque demuestra lo que ya se ha dicho de sensibilidad con la espiritualidad protestante pero lo más importante, en segundo lugar, porque lo hace con una iniciativa que da sentido a una televisión pública.

Es evidente que, en un entorno de creciente secularismo, hacer propuestas de programación de ceremonias religiosas no hace subir los índices de audiencia pero es precisamente por esta razón que existe la televisión pública: para recoger otras sensibilidades sociales que no son las respuestas pedidas por los índices de audiencia.

Muchas felicidades a las personas que han trabajado años y años para conseguirlo.

Muchas felicidades a los directivos de TVE para esta muestra de sensibilidad.

Y ahora nos toca a la audiencia sentarse delante de nuestro televisor el día en que sea retransmitido el Culto de la Reforma Protestante.

La Biblia nos dice que matar es pecado. Todo libro sagrado nos dice lo mismo.

Pero si además de matar lo hacemos en nombre de Dios, faltan palabras para definir la dimensión de este pecado.

Los eventos de París, de nuevo París, y de diversas partes de la geografía nos recuerdan, de nuevo, que nuestra voz aún debe ser más alta, más fuerte y más contundente para rechazar toda esta serie de asesinatos terroristas.

Si la violencia es condenable, la violencia terrorista agota las palabras de condena.  El mundo ha enloquecido y en medio de tanto desacierto tenemos que mantener la calma.

Pero mantener la calma no significa tener que callar. Sino todo lo contrario.

Dios no es nuestro, sino todo lo contrario: nosotros somos de Él, si queremos.

Pero, queramos o no queramos, lo que es inadmisible desde el punto de vista humano o divino, es utilizar el nombre de Dios para justificar ningún tipo de violencia terrorista.

La violencia terrorista ni tiene nombre, ni tiene ideología, ni tiene ningún tipo de razón que la justifique.

Asesinar, a toda una serie de gente inocente, en nombre de una causa justa anula la legitimidad de esta causa.

Asesinar, a toda una serie de gente inocente, en nombre de Dios niega la religiosidad de quien lo haga. Pero la niega contundentemente.

Toda persona religiosa busca crecer en su bondad, gracias a su experiencia de espiritualidad.

Esta es una de las dimensiones más importantes de la espiritualidad.

Si nuestra espiritualidad no nos lleva a la armonía entre nosotros y Dios y entre nosotros y nuestro prójimo no es ni espiritualidad ni tampoco es religiosidad.

La ideología que pretenda justificar la violencia terrorista no podrá nunca legitimar ninguna de las acciones que, de la misma, se puedan derivar.

Necesitamos, desgraciadamente, volver a repetirlo porque es importante que no lo olvidemos ni dentro ni fuera.

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