El cicle electoral ha començat. Les primeres votacions ens obliguen a una acció responsable: A qui votaré? És la pregunta obligada. Però el que jo els proposo és una pregunta més compromesa encara: A qui votaré des de la perspectiva de la meva fe?

La fe és una experiència transformadora de la vida humana i com experiència transformadora podem afirmar que és una experiència central a la vida de cada persona.

La fe és una experiència que abasta la totalitat de l'ésser humà i dins d'aquesta totalitat hem d'incloure la nostra decisió de vot.

Ens hem de deixar influir per la nostra ideologia? Ens podem preguntar. La resposta és obvia: sens dubte. Però la ideologia ha d'estar matisada per la nostra experiència de fe per no caure en el parany de contradir-nos a nosaltres mateixos i per no caure en la temptació que la nostra sigui una fe de diumenges.

Ara més que mai tenim més opcions polítiques.

Ara més que mai tenim la temptació de quedar-nos a casa defraudats per tanta corrupció i prepotència.

Votar o no votar és una primera decisió.

Escollir a qui votar és la segona decisió que hem de prendre.

Però abans de prendre aquestes dues decisions hem de fer un exercici des de la fe: qui afavoreixo i qui perjudico amb el meu vot?

Estic defensant, amb el meu vot, el que els diumenges es predica des del púlpit de la meva Comunitat local?

Potser hi ha qui pugui pensar que és una pregunta impertinent, innecessària o, fins i tot, imprudent.

Cadascú està en la seva llibertat de pensar el que cregui que hagi de pensar.

Jo soc dels qui recomana que cada creient es faci aquesta pregunta abans de plantejar-se si ha d'anar a votar o a qui ha de votar.

Los impactos de la crisis económica sobre la Comunidad Protestante se hacen notar en una doble medida. Por un lado, porque ha afectado directamente a las ofrendas, que es la única fuente de ingresos que tenemos y, por otra parte, porque la demanda de ajuste social se ha incrementado, tanto de manera interna como de manera externa. Es decir: ha aumentado la precariedad social entre los propios miembros de la Comunidad Local y se ha incrementado la demanda de solidaridad que recibimos del resto de la ciudadanía.

La razón principal de esta situación de crisis económica es el paro.

Hay Comunidades Locales en las que el 25% de la misma está en paro. Esta cifra no es aplicable a todas las Comunidades Locales porque hay que compensarla con aquellas otras Comunidades Locales donde sólo hay un 5% de paro.

Pero, incluso en éstas, las ofrendas se han resentido.

El descenso de las ofrendas puede llegar hasta un 25% o un 30%. El promedio de reducción de las ofrendas puede estar entre un 10 y un 15%. Las razones de esta situación, aparte del paro, es que se han perdido las horas extras, las nóminas se cobran con meses de atraso, la jornada laboral se ha visto disminuida, el sueldo se ha congelado o parte del mismo se cobra en negro-si no quieres ser despedido por la empresa-.

Otros creyentes se encuentran con que tienen que dedicar más horas a trabajar por el mismo sueldo con lo que ello implica de disponer de menos tiempo para dedicarlo a tareas voluntarias que antes podían hacer en sus comunidades locales.

Es del todo claro que ésta es la misma situación que padecen miles y miles de ciudadanos hasta llegar a la dramática cifra de los seis millones de parados que hay actualmente.

La diferencia es que para la Comunidad Protestante esta situación genera una crisis económica interna que hay que ponderar adecuadamente.

Pocas son las medidas que pueden aplicar las Comunidades Locales para compensar esta pérdida de ingresos. Los gastos fijos son inamovibles por lo que sólo queda el capítulo del sueldo del pastor o de la pastora y el capítulo del programa de actividades. Es en estos dos capítulos donde se está repercutiendo la reducción de ingresos, excepto en el apartado de solidaridad que, quien más quien menos, ha intentado incrementar en la medida de sus posibilidades.

No hay que olvidar que históricamente la Iglesia Protestante entre nosotros siempre ha sido una Iglesia que vive su fe en la sobriedad de la precariedad económica. Con todo, la crisis económica ha generado un nuevo agravamiento de esta situación de precariedad económica.

La crisis económica que nos rodea nos recuerda a creyentes y a no creyentes la virtud de la sobriedad como valor en el que hay que seguir viviendo, o que hay que recuperar por parte de aquellas personas que en estos tiempos de despilfarro la hayan perdido.

Cuanto antes nos ajustemos a volver a vivir en sobriedad antes nos capacitaremos a nosotros mismos para adoptar el estilo de vida que nos espera el día de mañana y de pasado mañana.

Claro que la sobriedad sin solidaridad es un engaño para propios y extraños.

Digámoslo claro. Sólo hay una razón para caminar en sobriedad: que nuestra sobriedad nos lleve cada día a ser más solidarios.

Veníamos reivindicándolo desde casi siempre y finalmente nos han escuchado. El BOE de 30 de diciembre de 2013 publicó la Ley 27/ 2013 según la cual para abrir un Centro de Culto ya no será necesaria licencia previa por parte del Ayuntamiento correspondiente.

Demasiado tarde.

Demasiado tarde pero sea muy bienvenida la noticia.

Finalmente se ha conseguido que sólo sea necesario comunicar a la autoridad correspondiente la apertura de un nuevo centro de culto. De esta manera se eliminan de entrada, de una vez y para siempre, las tentaciones y las arbitrariedades de determinados ayuntamientos que se creían en el derecho de poder regular, en la práctica, la Libertad de Cultos de ese país y, por extensión, la Libertad Religiosa.

Han sido necesarios demasiados años, demasiado llanto y un creciente distanciamiento de la Comunidad Protestante en relación a nuestra democracia para poder llegar finalmente a ese punto.

La democracia, especialmente en los últimos años, no está dando respuestas a la Comunidad Protestante.

Que en la Europa del siglo XXI la Iglesia Protestante deba concentrarse en la calle para pedir Libertad de Centros de Culto quiere decir que algo se ha hecho mal -y no hemos sido precisamente nosotros quienes lo hemos hecho mal-.

Este cambio de tendencia no es la solución. Es la primera respuesta a la solución. El hecho de que sólo sea necesario comunicar a la administración municipal la apertura de un Templo Evangélico no quiere decir que los nuevos templos no deban cumplir con la correspondiente normativa urbanística. Y aquí radica, precisamente, la clave de toda la cuestión.

Si los ayuntamientos piden a los Templos Evangélicos los mismos requerimientos que piden a la Iglesia Católica estaremos en el camino de salida para dejar de sentirnos discriminados. Al menos en este punto. Yo diría más: hasta que no se arregle la cuestión de la cofinanciación debería pedirse a los Templos Evangélicos menos requerimientos que a la Iglesia Católica porque no disponemos de los mismos recursos económicos para hacer frente a tanto gasto.

Si en lugar de hacerlo de esta manera se nos piden unos requerimientos imposibles de cumplir habremos hecho este camino para volver, otra vez, a la casilla de salida: cambiar todas las cosas para que nada se mueva.

El BOE ha hecho su parte del camino.

Ahora la pelota del crédito democrático está en el tejado de los ayuntamientos.

Si analizamos el último informe sobre transparencia internacional rápidamente nos daremos cuenta de la correlación que existe entre transparencia, es decir: comportamiento social ético, y protestantismo.

Los 10 primeros países de la tabla todos son de raíz protestante:

1. Dinamarca 91 puntos

2. Finlandia 90 puntos

3. Suecia 89 puntos

4. Nueva Zelanda 88 puntos

5. Holanda 87 puntos

6. Noruega 87 puntos

7. Suiza 86 puntos

8. Canadá 83 puntos

9. Reino Unido 81 puntos

10. Alemania 81 puntos

Incluso hoy en día, cuando la práctica religiosa en la parte europea de la lista ya no es la que era, la ética social se mantiene en unos niveles más que admirables en todos estos países.

Pero no es suficiente remarcar lo dicho, sino preguntarnos cómo llegan hasta este punto.

Tengo un buen amigo que se pasa media vida en el aeropuerto. Es decir: viajando. Es un pastor protestante que trabaja a nivel mundial con una dedicación más centrada en Europa y América, especialmente en Latinoamérica.

En las pocas ocasiones en que podemos encontrarnos para charlar me gusta que me explique cómo va la Iglesia Protestante más allá de mi propia mirada. Y casi en todas las conversaciones acabo constatando que el cristianismo vive un momento de gran vitalidad y más particularmente la Iglesia Protestante.

Su visión sobre el cristianismo es muy diferente de la mirada que ofrece una buena parte de tertulianos cuando hablan sobre el cristianismo. Estos, en general, hablan de la Iglesia para referirse a la Iglesia Católica como si la Iglesia Ortodoxa o la Iglesia Protestante no existieran. Cuando hablan de la crisis de fe, creen que lo que nos pasa en Europa es lo que está pasando en el resto del mundo. Y cuando analizan la situación, lo hacen siempre desde una lectura política de la vida. Para no entrar en la polémica sobre la falta de respeto que muchos de ellos y de ellas manifiestan cuando hacen referencia al Espíritu Santo.

A modo de ejemplo mi amigo me comentaba que en China la Iglesia Protestante ha pasado de un millón de personas antes de la revolución comunista a los actuales 50 millones para añadir, a continuación, que se calcula que dentro de 40 años será el país con más protestantes, y quizá cristianos, de todo el mundo.

Que la vieja y desorientada Europa haya perdido el camino de la fe no significa que en el resto del mundo las cosas vayan de la misma manera. Esto es lo que parece que no entienden determinados tertulianos.

Recuerdo las últimas palabras de mi amigo la última vez que nos encontramos: espero que algunos de estos tertulianos que opinan sobre el cristianismo mirándose el ombligo estén mejor informados del resto de cuestiones sobre las que opinan.

Un deseo que, estoy seguro, muchos compartimos.

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